Desplázate para comenzar
Las leyendas sobre el héroe popular Kled se remontan a los comienzos de Noxus, tal vez incluso un poco antes. Al ser un ícono venerado por los soldados comunes, despierta cierta preocupación entre los comandantes, puesto que hay algunos miembros de las huestes que afirman literalmente haber luchado a su lado.
Abundan relatos fantásticos como ''La gran victoria del húsar'', ''El regreso del gran general mariscal-sargento'' y ''El almirante de montaña'', en los cuales se afirma que Kled peleó en todas y cada una de las campañas acontecidas, adquirió todos los títulos militares y jamás se retractó de su intención de luchar. Si bien los detalles suelen ser extraños y contradictorios, la esencia de los relatos se mantiene estable: tras lanzarse a la carga en la batalla montando su (poco) fiable corcel, Skaarl, Kled lucha para proteger lo que le pertenece y toma todo lo que puede conseguir.
En realidad, el Jinete Cascarrabias proviene de una tierra completamente distinta: la Ciudad de Bandle. Al ser un yordle, construyó su hogar entre las orgullosas tribus Noxii tras las Guerras Rúnicas y nunca miró atrás.
La mención más antigua de la cual se tiene registro sobre Kled se encuentra en la Primera Batalla de Drugne. En las polvorientas colinas de aquellas tierras baldías, el batallón del General Zaavan huía de los enemigos bárbaros. Tras haber perdido los dos últimos enfrentamientos, los ánimos estaban caídos. Los suministros fueron abandonados durante la retirada y aún les faltaba una semana de camino para llegar al puesto de avanzada más cercano. Enfundado en una armadura inmaculada, Zaavan estaba más preocupado por cómo tomarían esta noticia de vuelta en casa que por el bienestar de sus soldados, así es que ordenó que se ejecutara una formación de círculo defensivo y así obtener más tiempo para pensar en algo.
Al amanecer, la figura solitaria de Kled apareció en la cima de una colina, montado sobre un drakalops del desierto. El arma de este guerrero estaba oxidada, su armadura magullada y su ropa hecha jirones, pero en su ojo funcional resplandecían la rabia y el desprecio.
Le gritó su ultimátum a la horda bárbara, exigiéndoles que se largaran de sus tierras, o si no, los destruiría. Sin embargo, no esperó a recibir la respuesta: precipitó a su montura y gritó a la carga. Desesperados, hambrientos y furiosos con su general, la rabia de este batallón noxiano ardió al avistar este gesto de bravuconería. Siguieron a Kled mientras él se aproximaba a su enemigo.
Lo que siguió fue uno de los combates más sangrientos jamás peleados en las estepas del norte. El impulso inicial del contraataque quedó disminuido por la ráfaga de flechas bárbaras provenientes del terreno más alto, pero Kled siguió peleando incluso después de haber caído de su montura y presenciar la huida de su drakalops. Siempre parecía estar en el centro de la batalla: destripaba enemigos, hacía volar dientes y destruía rostros a mordiscos. Los cuerpos se apilaban a su alrededor, mientras su vestimenta chorreaba sangre. Sus amenazas se volvían cada vez más estridentes y sus insultos, más crueles. Claramente, este gran guerrero estaba dispuesto a morir sin retractarse.
La cobardía puede ser contagiosa, pero también la valentía. Si en algún momento los noxianos pudieron haberse rendido y huido por sus vidas, por el contrario, se sintieron inspirados para mantenerse firmes.
Incluso el drakalops de Kled volvió y se coló entre la retaguardia de los bárbaros, gruñendo y arañando mientras se sumergía para rescatar a su amo. Una vez más de nuevo sobre su montura, Kled se convirtió en un verdadero torbellino mortal; fue entonces que los bárbaros se dieron a la fuga.
A pesar de que fueron muy pocos los soldados noxianos sobrevivientes como para poder reclamar una victoria, Drugne fue disputado lo suficiente como para que el rumor llegara al Bastión Inmortal y enviaran refuerzos desde ahí. La guerra se mantuvo una década más, hasta que los líderes bárbaros clamaron por la paz. Sus filas se anexaron a Noxus y Drugne se convirtió en un punto estratégico para las campañas regulares a lo largo de Dalamor y el norte durante los siglos venideros.
El cuerpo del General Zaavan, junto con su elegante armadura, jamás fue encontrado.
Con el tiempo, incontables batallones del imperio contaron historias similares sobre Kled. Se dice desde hace mucho tiempo que él va adondequiera que vayan los noxianos, reclamando los botines de guerra para él mismo. De hecho, tras el paso de los batallones, pueden encontrarse algunos letreros animados que indican que cada territorio nuevo es ''Propiedad de Kled''.